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Y se sentia tan mal tan solo y tan deprimido que decidio empezar a escribir. Lo hizo varias veces y en diferentes etapas de su vida. Hoy, tras cinco años de empezar la ultima, la soledad sigue alli. Pero no es una soledad fisica. Es mas bien existencial. De esa de la que hablan los psiquiatras. De la de estoy aqui pero no estoy, en realidad. De la de estoy contigo pero no se si tu eres con quien quiero estar. De la de adónde voy y tambien de la de de dónde vengo. Escribia sobre todo lo que le gustaba. Trataba de evitar sentirse presionado y elimino la idea de mantenerlo como una rutina diaria. A veces era solo una foto. A veces solo una cancion. A veces pasaban semanas. Lo importante era compartir con seguramente nadie aquello que le pasaba por la cabeza y que le ayudaba a sentirse persona. Una interesante en el sentido en el que él creía que las personas interesantes debían ser. No importaba quien estuviera mirando. Lo importante era que el mismo lo pensara. Lo sintiera. Era una reafirmacion de lo que en realidad era. De lo que sentía como más íntimo. Lo que le enseñaba aquello que podria haber llegado a ser. Escribia muchas veces a deshoras. A destiempo. Con ese estómago encogido que la vida diaria te otorga en forma de premio. Trabajo, presion, viaje, nervios, prisas, resultados. Al final, lo que importaba era que por diez segundos, aunque sólo fuera eso, consiguiera pensar en algo diferente. Que mientras decidía si el encabezado sería rosa o verde o si hablaba de esto o de aquello, el mundo se pararía. Solo unos segundos. Media hora tal vez. Eso ya era suficiente. Ya no sentía la necesidad de demostrar nada. De competir con ningun otro. Aquello que le llevo a parar en otras épocas. Se trataba de algo personal esta vez. De algo que servia de terapia y de distracción. A partes iguales. Por eso sabe que continuará.

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